By Carlos Cruz Montaño, KF10, Guatemala

Going through borrower files I found finger prints in the signature line of many documents but didn’t think much about it until I went to the field to actually meet borrowers…

A very important task for a Kiva Fellow is to do Borrower Verification, this ensures that the people you lend money to are real persons that are actually taking loans as described in their profiles. To start this process I went to the borrower file which is very detailed; they include copies of personal ID, address (including a sketch of the house location), marital status, number of children, last grade in school, etc. Going through these files I found something in common: most Kiva borrowers went half way through elementary school (3rd or 4th) grade and many didn’t go to school at all and cannot read or write; those borrowers stamp their fingerprints in loan documents.

Signatures & fingerprints in the registry for a new Kiva group loan.

In one of my first visits I met Maria, her workplace is a very simple standalone room made up of mud bricks with dirt floor; the two windows and one door all faced a courtyard. Her Kiva loan was her first credit and she used it to purchased yarn, three looms (she now has two workers), and clothes to sell; definitely a busy lady. One of her children, a kid maybe around 12-14 years old, was in the same room doing something else and listening as I was talking to her and asking questions about the loan. Then he briefly interrupted and told his mom he was leaving to school. She gave him two quetzales for a snack (~25 cents) wished him well and he left.

We kept on talking a bit more, she got to see her Kiva profile and the lenders from many countries that contributed to her loan. At the end of the visit I asked her for a signature, but she made an unusual gesture, then looked at me and showed me her thumb; it finally dawned on me… Maria, like many other borrowers didn’t have the chance to go to school and trusts other people to read her documents where she stamps her fingerprint. What kept me thinking was her expression, all of a sudden it changed and Maria briefly showed a very different side.

One can only wonder what went through her thoughts… local culture used to say “girls don’t go to school, they will stay at home and don’t need to learn” and in 1996 Guatemala ended a 36 year period of civil war… going to school was probably not an option for her. Times have changed and now Maria and other borrowers work very hard to keep their children in school. I can just admire the courage and efforts of borrowers like Maria to give their children more opportunities than they ever had in the hopes that they will have a much better future.

Today, it is normal to see kids in uniforms walking to or from school, but it’s hard to imagine the effort behind the picture. The literacy numbers for women in ASDIR’s service area are at least 20 percentage points higher for 15-24 year olds than for all women above 15 according to a 2006 UNDP study.

Other kids on their way to school.

Like many others have mentioned, microfinance is one of the tools. As I had the opportunity to witness, it is helping parents like Maria keep their children in school longer. It will be up to these kids to keep up their parent’s hard work and take the opportunity their parents never had to use their education and improve their communities.

Mas firmas y menos huellas…
Al revisar expedientes de asociados (clientes) encontré varios documentos con huellas digitales en lugar de firmas. No le puse más atención hasta conocí a algunos clientes…

Una de las tareas mas importantes para un “Kiva Fellow” es la verificación de clientes, es como una pequeña auditoría para checar que los perfiles en la página de Kiva son realmente de personas que están pidiendo créditos. Para empezar este proceso primero revisé expedientes, en comparación con una solicitud de tarjeta de crédito en gringolandia son muy detallados e incluyen entre otros: número de identificación, dirección (con croquis incluido), estado civil, numero de hijos, escolaridad, etc, etc… Después de ver varios expedientes encontré algo en común; muchos clientes estudiaron hasta el 3er o 4o grado de primaria y muchos otros ni siquiera pueden leer ni escribir. Estas son las personas que usan su huella digital para autorizar documentos legales.

En una de mis primeras visitas conocí a Maria Roberta, su cuarto de trabajo es muy sencillo: tierra apisonada, paredes de adobe, techo de teja, una puerta y dos ventanas que dan a un patio. Su préstamo de Kiva fue su primer crédito. Lo usó para comprar estambre, tres telares (ya tiene dos trabajadores) y ropa para vender. Mientras platicaba con Maria Roberta y le hacía preguntas acerca de su préstamo, uno de sus hijos, un chavo entre 12-14 años, estaba en el mismo cuarto preparandose para salir. Cuando estaba listo le dijo a su mamá que ya se iba a la escuela, María Roberta le dio dos quetzales (~25 centavos de dólar) y se fué.

Seguimos platicando un poco más, le enseñé su perfil de Kiva y también le enseñé las personas que contribuyeron para su crédito. Para terminar le pedí su firma, pero ella cambió de expresión; solo me miró y levanto su pulgar derecho… en ese momento comprendí un poco mejor lo que significaba la huella digital. Lo que se me quedó grabado y me dejo pensando fue su cambio de expresión.

Quiensabe en que habrá pensado pero no creo que no saber leer ni escribir halla sido a voluntad propia…  en estas tierras antes no se mandaba a las niñas a la escuela porque “se van a quedar en la casa y no necesitan aprender”; también hay que considerar que Guatemala estuvo en guerra civil hasta 1996. Afortunadamente  la situación es diferente y Maria Roberta y muchos otros se esfuerzan para que sus hijos puedan ir a la escuela. Yo solo puedo admirar la dedicación con que Maria Roberta trabaja para poder darle a sus hijos las oportunidades que ella nunca tuvo con la esperanza que tendrán un futuro mejor.

Aunque hoy en día es normal ver niños, niñas y jóvenes de camino a la escuela, no cualquiera sabe el esfuerzo que esto representa considerando las limitaciones de los padres. En esta región de Guatemala y de acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP) el porcentaje de mujeres que saben leer y escribir es 20 puntos más alto para el grupo de 15 a 24 años en comparación con el grupo de todos los adultos (mujeres arriba de 15 años).

Ya muchos otros lo han mencionado, los préstamos de instituciones de microfinanzas son una de las herramientas para promover el desarrollo,  gracias a ellos varios padres de familia como María Roberta tienen mayores ingresos para poder mantener a sus hijos en la escuela más tiempo. Ahora les toca a estos jóvenes aprovechar la oportunidad que sus padres nunca tuvieron para usar su educación y mejorar sus comunidades.

Join Kiva and Viva Guatemala to support other parents.

Carlos Cruz Montaño is a Kiva Fellow 10th class working with ASDIR in Nimasac, Guatemala.


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